Un poco antes de la medianoche
la megafonía convoca a propios y extraños a reunirse a la entrada del pueblo. La gente va colocándose alrededor de la pila de leña, dispuesta en medio de la plaza Sanchena.
A las 12 se apaga el alumbrado eléctrico y es el cielo, generalmente estrellado, el que capta la atención de todas las miradas. El sonido de un cuerno ayuda a que se haga el silencio humano, que da paso al diálogo entre dos txalapartas. El ambiente está servido.
Comienza la función.
Una luz se mueve en la punta de Lapitxorronga, para convocar a brujas y brujos de los alrededores.
A su llamada, acudirán por tres caminos distintos, a la trasera de la ermita S. Miguel, donde se juntarán en torno a una pequeña hoguera, toda la comitiva que recibirá a Maruxa.
Cada cual portando una antorcha encendida emprenden lentamente la bajada al pueblo. Una de estas antorchas encenderá la hoguera mayor, cuyo fuego ampliará el círculo de asistentes, dejando espacio para el primer baile de la noche.


Desde la megafonía, con el nuevo escenario y el público preparados, se escuchará un pregón que da la bienvenida a las personas asistentes, y por supuesto, a Maruxa, que inicia su descenso por el aire, montada en su escoba iluminada por bengalas en los dos extremos.
El grupo de brujas y brujos van en busca de Maruxa, que a pie se acerca a la hoguera mayor, donde ella encenderá la mecha del cohete que marca el inicio oficial de las fiestas.

El último día de las fiestas, tiene lugar “la subida de la bruja” con Maruxa sobrevolando desde Lizarena hasta Casa Larrambe, acompañada por su infalible séquito.







